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Mon 18 June 2018
LA ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL

LA ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL

 

Hace ya meses que no escribo sobre las orquestas de la CABA. Me referí en detalle a la Sinfónica en Marzo y a sus grandes problemas. Desde entonces lo importante es que en efecto hubo concursos y se cubrieron muchos cargos vacantes que se habían cubierto el año pasado con contratados que con frecuencia no eran pagados. Pero antes de ello, como consigné, hubo una gran versión de la Segunda de Mahler.

Emmanuel Siffert, director suizo, durante varios años fue director principal de la Filarmónica acompañando al Ballet del Colón, pero luego lo desplazaron y en la actualidad tengo entendido que dirige la Sinfónica de San Juan. Es un director de sólidos medios y sabe programar, como lo demostró el 4 de Mayo con un programa que incluyó una primera audición y dos obras poco conocidas con solistas interesantes, y finalizó con esa obra maestra que es "Iberia" de Debussy. No conocía a la compositora presumiblemente argentina María Eugenia Luc, quien es la autora de una pieza curiosamente llamada "Hu" que duró 14 minutos; como de costumbre los programas que el CCexCorreo les permite a la Sinfónica no dicen una palabra sobre las obras; supongo que se escudarán en la charla previa que dan diversos críticos sobre el programa de ese día, pero ello no basta: no todos pueden estar a las 18 horas y quedarse para el concierto de las 20 hs. Lo único correcto es un programa de mano flexible y más extenso, con comentarios ilustrativos. La estética de Luc es una muy típica de nuestra época: más allá del enigma del título, busca crear climas a través de una orquestación variada donde prima el contraste rítmico y los colores sugestivos. Un trabajo de buena técnica e ideas atrayentes.

Tengo un particular afecto por ese dilecto discípulo de Franck, Ernest Chausson, tan talentoso pero también tan inseguro, que dejó poca cantidad de partituras debido a que le costaba mucho ponerles punto final, aunque sin llegar a la autocrítica salvaje de Paul Dukas, que destruyó mucho más que lo que el mundo conocíó, pese a la calidad demostrada en "El aprendiz de brujo" y "La Peri". Chausson es autor de la que probablemente es la mejor sinfonía de la escuela franckiana, posromántica pero muy estructural; también nos dejó el bello Poema para violín y orquesta, el poderoso Concierto para piano, violín y cuarteto, su recientemente revalorizada  ópera "Le Roi Arthus", y el "Poema del amor y del mar" que escuchamos en esta ocasión. Es una creación  amplia, sobre un sugerente texto de su amigo Maurice Bouchor, y estuvo componiéndola nada menos que entre 1882 y 1892. Se integra con el poema "La Fleur des eaux" ("La flor de las aguas"), un Interludio muy melódico con influencia de Massenet y dos poemas unidos: "La mort de l´amour" ("La muerte del amor") y "Le temps des lilas" ("El tiempo de las lilas"); este último retoma el tema del Interludio y en transcripción pianística formó parte de recitales. En parte porque tiene música muy fina y atrayente pero también porque es tan escasa la creación de ciclos de canciones francesas con orquesta (apenas se destacan "Les Nuits d´Été" de Berlioz y "Shéhérazade" de Ravel), ha sido grabada con grandes cantantes, generalmente mezzos: dos con Janet Baker, una con Kathleen Ferrier, Jessye Norman, y dos grabaciones que tengo: Gladys Swarthout con Monteux y De los Ángeles con Jacquillat. Pero además ya desde la época de los 78 rpm se grabó "Le temps des lilas" con artistas de principios de siglo como Nellie Melba, del entreguerras como Maggie Teyte y Rosa Ponselle o el barítono Charles Panzéra, y en la era del vinilo, Felicity Lott, Nan Merriman y Dietrich Fischer-Dieskau.  Sin embargo, en vivo la obra entera aquí en BA se ha dado raramente; sólo recuerdo una linda versión de Margarita Zimmermann hace ya décadas. La tesitura de la música puede adaptarse a sopranos de buen centro y grave, ya que no es extrema en sus exigencias, y ante todo pide musicalidad y comprensión del texto, que a mi juicio no es tan banal como otros lo consideran.  Marina Silva ha mostrado su talento en un rol dramático de mezzo como la Princesa Extranjera en la "Rusalka" de Dvorák. En Chausson se mostró menos cómoda, con un francés poco inteligible y algún momento en donde la orquesta la tapó, aunque en general transmitió la expresividad de la música. Claro está que la rotunda estupidez de quienes instalaron la Ballena sin proveer un equipo de pantalla y proyector de subtítulos fue esencial para que la gente en su gran mayoría no entendiera los textos y se limitara a dejarse llevar por la música. Y en dos años nadie fue capaz de suplir esa carencia, buen ejemplo de mala gestión. Siffert dirigió con solvencia.  Y enseguida sobrevino otra cuestión: un intervalo en el que no se prendieron las luces, el público quedó en penumbras; y no fue un caso aislado: ello ocurrió en conciertos posteriores. ¿Indiferencia, ahorro, tontería? Otro caso de mala gestión. Qué lástima ofrecer tanta cosa buena pero gestionar tan pobremente. 

No abundan los conciertos de trompeta a partir del siglo XIX y cuando los hay son cortos; evidentemente el desgaste físico es muy grande. Y ninguno es famoso. De cierto valor me parecen los de Hummel, Jolivet y Shchedrin. El del armenio Alexander Arutiunian fue escrito en 1950 a los 30 años y es típico del gusto soviético: en movimientos sin  solución de continuidad dura 16 minutos, es una alternancia de episodios virtuosísticos tonales de marcado ritmo y agresivo humorismo, con escasa sustancia, algún pasaje melódico más sereno y toques armenios que suenan a Khachaturian. Se deja escuchar y así de rápido se olvida, pero entretanto permitió a Fernando Ciancio asombrar con una ejecución admirable en su seguridad técnica y en la belleza y pureza de timbre. Siffert lo acompañó con buen ajuste. Y Ciancio se permitió un extra inesperado: una florida versión de ese "Over the rainbow" de Arlen que siempre asociaré con Judy Garland en "El mago de Oz".

Pero la mejor música y el mayor lucimiento de Siffert cerraron la sesión: la estupenda "Iberia" de Claude Debussy, Nº2 de sus "Imágenes", que a su vez es la más extensa ya que tiene tres fragmentos disímiles, cada uno de ellos un ejemplo perfecto de impresionismo e imaginación orquestal sin límite: "Por las calles y los caminos", brillante y variada; los sutiles, lentos "Perfumes de la noche" y "La mañana de un día festivo", que llega gradualmente a un paroxismo similar al que logra Ravel en los últimos minutos de su "Rapsodia española". Siffert mostró aquí un refinado control de los colores y los planos orquestales, un sentido rítmico   y una cohesión indudables, y la Sinfónica estuvo en un alto nivel, si bien con un margen mayor de calidad en las maderas que en los bronces, aunque hubo también notables solos de  Jonathan Bisulca en trompeta y muy buena disciplina. En Agosto Barenboim nos ofrecerá en la misma sala las "Imágenes" completas con la Orquesta de la Staatsoper de Berlín, y completará una velada imperdible con "La Consagración de la Primavera" de Stravinsky; podría ser el mejor concierto del año, pero mientras tanto nuestra Sinfónica nos dio un Debussy de primera en el año de su centenario.