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ASI SE FORMAN NUEVO PUBLICO
Un repertorio variado, formado por obras de diferentes géneros y compositores -tanto nacionales como extranjeros- que atraen y gustan es la mejor opción para acercar nuevos públicos a la sala de conciertos”. Estas palabras fueron vertidas por el director suizo- argentino Emmanuel Siffert en un reportaje realizado el pasado miércoles 25 del corriente en Radio Nacional Clásica y una no puede más que coincidir plenamente con esta apreciación. En su carácter de principal director invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional, inauguró la Temporada correspondiente al Ciclo de Conciertos 2026 del mencionado organismo el pasado viernes 27 del corriente en el Auditorio Nacional del Palacio Domingo F. Sarmiento con participación del ex concertino de la agrupación – Luis Roggero- en calidad de solista para brindar el siguiente programa:
Sinfonía n°6 en Si menor, Op.102 (“La muerte del cometa”)- Alberto WILLIAMS (1862-1952)
Havanaise (Habanera) para violín y orquesta, Op.83
Introducción y rondó caprichoso para violín y orquesta, Op.28- Camille SAINT- SAËNS(1825-1931)
“La Isla de los Muertos”, Op.29- Sergei RACHMANINOV (1873-1943)
Stenka Razin, Op.18- Alexander GLAZUNOV (1865-1936)
Ante una sala colmada de gente hasta las bandejas superiores y posteriormente a la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino Daniel Robuschi, Emmanuel Siffert hizo su presentación en el podio para dar comienzo al concierto con la mencionada sinfonía de Alberto Williams, cuya grabación se completó hace pocos días atrás en el marco del rescate de la obra sinfónica integral del compositor. El padre del nacionalismo musical argentino era aficionado a la astronomía y compuso esta obra en 1937, basado en sus observaciones del pasaje del cometa Halley en 1910. Su estructura es la siguiente:
En el misterio astral. Surge el cometa azul (Introducción- Larghetto)
Tema I. El cometa se acerca (Allegro scherzando)
Tema II. Vidalita del cometa (Adagio)
Marcha fúnebre del cometa (Sostenuto)
Estrellas fugaces
Tema I. Lluvia de estrellas (Allegro ma non troppo)
Tema II. Atracción de la Tierra (Andante con moto)
Si bien posee la clásica estructura en tres movimientos, a su vez, el primero y el tercero poseen otros dos temas cada uno y, al escucharla, se asemeja más a un poema sinfónico que a una sinfonía propiamente dicha. Independientemente de contar con una orquestación poderosa, que lleva un orgánico casi completo, posee reminiscencias de Los Planetas de Holst y La Péri de Paul Dukas, además de numerosos insert de melodías típicas del noroeste argentino y la célebre Vidalita, que se desarrolla en el segundo tema (adagio) del primer movimiento. En la introducción, el ostinato y sostenuto en cuerdas da ese clima de misterio descripto en el título, seguido de una cadencia previa al tutti orquestal. Luego de la vidalita, el primer movimiento se cierra con otro poderoso tutti en fortisimo. El sostenuto que inicia el segundo movimiento posee ritmos típicos del norte argentino, que sonaron muy precisos, donde se pudo apreciar en toda su plenitud el canto interno de la orquesta. Luego de un golpe de gong, la melodía se diluye hasta desparecer para pasar a una monumental sucesión de cadencias en el primer tema del último movimiento (Allegro ma non troppo), que da la sensación de lluvia de estrellas a la cual alude el título mediante una serie de escalas ascendentes y descendentes in crescendo. Finalmente, el último tema se desarrolla mediante una serie de escalas y fuga para culminar en un poderoso tutti, que representa la atracción de la Tierra y la muerte del cometa. Una versión brillante, con muy buenos matices sonoros y una marcación impecable, con perfecto dominio de tempi, donde se pudo apreciar una vez más la integración y correspondencia mutua entre el director y los músicos.
Seguidamente, Luis Roggero demostró su consabida maestría como solista con una soberbia interpretación de las obras de Saint- Saëns: la primera –Habanera Op.83– fue compuesta en 1887 como homenaje al violinista cubano Rafael Díaz Albertini, a quien el músico francés acompañó como pianista en una gira realizada en 1885. La segunda data de 1863 y fue compuesta especialmente para el gran violinista español Pablo de Sarasate, quien no sólo fue un virtuoso del instrumento, sino que le encargó al compositor francés un concierto para violín y orquesta en 1859 cuando sólo contaba con 15 años. Ante semejante halago, Saint- Saëns compuso su Concierto n°1 en La mayor y posteriormente, la Introducción y rondó caprichoso, que fue estrenada por Sarasate en 1867. Se basa en motivos españoles que permiten un lucimiento del solista en cuanto a fraseo, técnica- alternando en cascada como pizzicato y punteo- y virtuosismo. Luego de una lánguida introducción, el rondó caprichoso propiamente dicho es chispeante y repite numerosas veces el tema principal. En ambas obras se pudo apreciar el virtuosismo de Luis Roggero en materia de digitación, fraseo e interpretación, logrando unos matices increíbles y un perfecto diálogo con la orquesta y el director. Siendo también un destacado violinista, la correspondencia con el solista y la compenetración con la obra por parte de Emmanuel Siffert fueron totales, logrando una versión magnífica. El Auditorio Nacional estalló en aplausos y vítores tras su interpretación, motivo que obligó a Roggero a ofrecer un bis: la Gavota en Rondó de la Partita en Mi mayor, BWV 1006 de Bach, que le valió otra ovación de aplausos y vítores.
La segunda parte del concierto se inició con una imponente y soberbia versión de La isla de los muertos Op.29, compuesta en 1908 y basada en la pintura homónima del artista plástico suizo Arnold Bröcklin (1827-1901). Comienza suavemente, con un movimiento de vaivén en compás de 5/8 que remeda el agua del río Estigia -río de los muertos en la mitología grecorromana- por donde navega la barca del dios Caronte, a quien la parca debía pagarle una moneda. El tema principal se repite a lo largo de la obra en un crescendo en la sección central para desembocar en un breve silencio. Luego del mismo, Rachmaninov recurre al tema del Dies irae como referencia a la muerte mediante una orquestación rica en matices sobre variaciones de un mismo tema. El final vuelve a ser calmo y se vuelve al motivo inicial del vaivén del agua hasta llegar al reino de los muertos. En este caso, Siffert hizo gala de su temperamento al frente de la orquesta para ofrecer una versión excelsa de esta obra monumental, que representó el punto más alto de la velada a juicio personal de quien escribe. Por último, la Sinfónica cerró con una estupenda versión del poema sinfónico Stenka Razin, Op.18 de Alexander Glazunov, compuesto en 1887 in memoriam de Alexander Borodin, quien había fallecido en 1885. Fue un personaje de la historia de Rusia y líder de los cosacos del Don, quien se sublevó contra el Zar y la nobleza en 1667 por destruir la gran caravana del río Volga, conformada por los lanchones del zar y de los comerciantes ricos de Moscú. Navegó el Volga abajo y capturó las fortalezas más importantes, devastando al país. Precisamente, uno de los temas que utiliza Glazunov es la famosísima canción de los remeros del Volga (“Volga, Volga, mat’ rodnaia”) que alude al protagonista y sus hazañas. Posteriormente, aceptó una oferta de perdón otorgada por el zar Alejo I en 1669, pero debía jurarle fidelidad. Razin rompió su promesa y organizó la rebelión de los cosacos en 1670 tomando el emporio de Astracán, donde abolió la esclavitud, estableció el principio de igualdad y puso fin a los privilegios. Dicha insurrección culminó con su captura y condena a muerte por descuartizamiento en 1671, luego de haber padecido un sinfín de torturas. Además del tema ya mencionado -de carácter épico y heroico-, las flautas y el clarinete introducen un segundo tema -lírico y romántico-. Ambos temas se entrelazan durante el desarrollo hasta el golpe de platillos, donde un tutti de carácter dramático anuncia la captura y condena a muerte del protagonista para finalizar la obra mediante una soberbia recapitulación en materia de paleta y tonalidad orquestales. Una versión brillante, donde el público reconoció la célebre melodía popular rusa y una magistral interpretación para poner punto final al concierto inaugural de la temporada.
Cuando se ofrecen este tipo de programas con las características mencionadas al comienzo de la presente nota, el público asiste masivamente. Si a eso se le suma el hecho de la entrada libre y gratuita, concurre hasta colmar la capacidad de la sala. Y luego, se lo recomienda a otras personas para que concurran por primera vez a una sala sinfónica. Es así como se forman nuevos públicos. No con el anuncio “sinfónico” de un intérprete popular que no tiene nada que ver con el género propiamente dicho.
Martha CORA ELISEHT

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